Una de las cosas básicas a la hora de iluminar es saber, al menos de manera aproximada, cómo se va a comportar la luz. Una de las reglas que dicta el comportamiento de la luz es la ley de la inversa del cuadrado, que, aplicada al campo de la iluminación, dicta que la luz que emite una fuente puntual (por ejemplo un flash) disminuye con el cuadrado de la distancia. Por ejemplo, si medimos la luz a un metro del flash, y luego nos vamos a dos metros del flash (es decir, doblamos la distancia), la potencia que nos llegará será un cuarto que la que nos llega a un metro.
Aquí os pongo una serie de fotos para que veáis exactamente a qué me refiero. En la primera foto, el objeto está a 112cm de distancia, la cámara está disparando a f4 ISO 125 y el flash está a 1/64 de potencia.
Ahora, si cogemos y ponemos el objeto al doble de distancia, sin cambiar nada más, esto es lo que obtenemos:
Se ve oscuro, puesto que la luz que llega es un cuarto de la luz que llegaba antes. Un cuarto es la mitad de la mitad, o lo que es lo mismo, dos pasos (stops) de luz menos. Así que para contrarrestar esto, hay tres opciones: aumentar la sensibilidad dos pasos, aumentar la potencia del flash dos pasos, o abrir la apertura dos pasos. Como en este caso el objetivo estaba a su apertura máxima, aquí van dos fotos de ejemplo cambiando la sensibilidad y la potencia:
Si os fijáis, en ambos casos la exposición del objeto es igual que en la foto original, ya que hemos contrarrestado la pérdida de luz. A la hora de hacer sesiones, es importante saber o aproximar cómo va a cambiar la luz que incide en nuestro sujeto cuando cambiamos las distancias. En la segunda parte del artículo, veremos otra de las aplicaciones de esta ley, principalmente a la hora de fotografiar grupos de gente.